Organismo asesor y ejecutivo de la
Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica.
República Argentina
JNC

(texto en elaboración)

Agenda y Novedades JNC
ENEC "Felices los que creen"
Salmos: oraciones que descifran el alma.
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Un esquema jurídico completo

Estamos ante el ejemplo típico de un Salmo penitencial (Sal 51), es decir, frente a la oración de un hombre que, reconociendo su propio pecado, se abre al perdón de Dios. Pero que no puede ser leído sino junto al Sal 50 (Alonso Schökel). Su relación temática es inseparable: en el Sal 51 que es penitencial se da la confesión del pecado y la petición de perdón, pero esto es en respuesta a lo que sucede en el Sal 50, en el que tenemos la intervención de Dios que confronta a su pueblo, lo convoca y lo pone delante a su propio pecado. Ambos Salmos leídos juntos, grafican el esquema completo de lo que era el procedimiento habitual en los casos de pecado, es decir:

  • la convocatoria del Acusado por parte de quien ha sufrido el daño (Acusador) para ponerlo delante de su propia responsabilidad
  • la reacción del Acusado: reconoce (o no) la razón del Acusador
  • la confesión de la culpa
  • el pedido de perdón al Acusador

Este esquema jurídico de convocatoria, acusación, confesión de la culpa y petición de perdón, muy presente en el A.T., se denomina rîb. Estos dos Salmos (50-51) juntos nos muestran el rîb completo, fenómeno que no ocurre en los libros proféticos: suele faltar la respuesta a la acusación (lo típico del rîb profético es que el profeta, en nombre de Dios, acusa al pueblo y le muestra su pecado para que pueda convertirse).

(Adjuntamos el documento de Word completo para bajar) 

Primerear el perdón
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Ofrecemos un archivo powerpoint con el material.

Perdonar y Misericordiar. Claves para crecer en la fe.
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La capacidad de Perdonar está relacionada etimológicamente con la palabra hebrea arcaica rechem que significa útero. Quizás porque los antiguos hebreos querían significar así la posibilidad de una nueva vida. Esta idea se presenta iluminadora, ya que la asociación entre el Perdón y una nueva vida: significan los sentimientos y emociones de quien ha experimentado el perdón. Porque quien ha sido perdonado siente como si hubiese renacido otra vez.
El perdón, muchas veces encerrado en el ámbito religioso, es un concepto que en los últimos veinte años ha ido adquiriendo una gradual y progresiva importancia en diferentes campos como la psicología, política, derecho, sociología y filosofía. Tanto a nivel social, político, como analítico, va incrementándose poco a poco la bibliografía sobre ello. Su interés radica en que es un proceso que nos posibilita mirar hacia el futuro porque supone el control sobre el daño sufrido por las ofensas y sus consecuencias.

¿Qué ocurre cuando una persona sufre una agresión?
Le cambia sus relaciones con los demás y con el mundo. Siente que ésta ya no es su “casa”, que no puede esperar nada bueno del otro, y que al contrario será del otro de quien debe protegerse. Se inicia una dinámica de desconfianza, soledad y repliegue psíquico.

¿Por qué es necesario el Perdón? ¿Por qué adquiere actualmente tanta importancia?
El Perdón nos libera de la dictadura del pasado y de la inmovilización que produce el rencor y la presencia del odio, porque supone el control sobre el daño sufrido y sus consecuencias.
Socialmente y religiosamente en determinadas ocasiones, se impone como una obligación. Se dice es preciso, necesario, bueno, saludable, cristiano…que perdones, como una suerte de mandato ético al que estamos obligados, esto muchas veces ha genera una cierta renuencia.

¿Qué es Perdonar?
Es renunciar a la ley retaliativa (como castigo o como venganza) sobre el victimario. Lex Retaluis (ojo x ojo, diente x diente)
Fundamentalmente el Perdón consiste en la renuncia a un derecho sobre el victimario. Es una virtud moral que pertenece a la víctima. Libera moralmente, pero no judicialmente.
El Perdón tiene una naturaleza dual:

  •  Interpersonal: Exige la presencia de una relación entre víctima y victimario.
  •  Intrapsíquica: Modificación del recuerdo del trauma vivido. Cambiamos nuestro pasado al variar nuestra forma de explicarlo o relatarlo (Arendt).

Pudiéramos decir que para que sea posible perdonar bastarían tres condiciones:

  •  Reconocimiento del daño causado
  •  Propósito de la enmienda, de no volver a cometer acto de violencia sobre nadie.
  •  Manifestar algún tipo de disposición a ofrecer reparación, restitución, compensación a su víctima.

Existen muchas técnicas para Perdonar, pero todas ellas requieren de una actitud sumamente importante para alcanzar el perdón: la humildad.

Es aquí en la profunda convicción de reconocer humildemente que todos somos hijos de un mismo Padre, está la clave para no caer en el círculo de violencia que genera una herida no sanada. El resentimiento, el “volver a sentir” la rabia, el rencor y la necesidad de venganza me construye como un falso “depositario de bondad”, frente a aquel que nos ha hecho daño. Y en la búsqueda de corroborar “la maldad ajena”, se vivencian nuevos malos tratos y agresiones, repitiendo y resintiendo las emociones y sentimiento que originaron las ofensas primigenias.

¿Cómo se corta la espiral de violencia social que transforma víctimas en victimarios?
Al estilo de Jesús, que adelanta el ofrecimiento del Perdón como poder transformador. El Señor nos “primerea” en el arte de perdonar. Su misericordia nos hace ver que Él nos
ofrece el perdón antes de que nosotros hagamos la experiencia del arrepentimiento y culpa.
Proponemos una fórmula que nos puede ayudar a dar pasos concretos en la capacidad de PRIMEREAR EL PERDON (pP):
-3r + 3S + 3R = pP

Disminuir la rabia, el rencor y la retaliación (3r), recuperando la Sociabilidad, la Seguridad en sí mismo y el Sentido de la vida (3S), buscando la Responsabilidad de los victimarios en las ofensas, logrando la Reparación de los daños materiales, físicos, morales, psicológicos, éticos que generan las ofensas y Reintegrando a víctima y victimarios para el cuerpo social (3R)

Laicos, servidores de la comunión y  de la cultura del encuentro.
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La llamada de Jesús  a cada uno, por el nombre,  y su mirada de  amor buscan siempre en nosotros una respuesta consciente y libre desde lo  más íntimo del corazón.  Es un “sí” que cambia nuestra vida y nos compromete radicalmente. Nos llama, nos invita a seguirlo, nos hace sus amigos y hermanos y nos propone una misión.  

Esta invitación de Jesús, una vez escuchada, merece de cada uno una respuesta, que como nosotros, será única e irrepetible, será nuestra respuesta, será ¡nuestra misión! El encuentro con Él es a su vez, un encuentro con nuestros hermanos, en medio de nuestro pueblo.

Hemos escuchado que los laicos son los bautizados que “no son ni curas ni monjas…”.,  puede ser una definición “práctica” aunque poco académica y además,  no me parece bueno definirlo  por la negativa, como si ser laico, no tuviera propia identidad.  También escuchamos decir  que son “aquellos que llegan donde los sacerdotes o los religiosos no pueden llegar…”  o que son los bautizados que están en el mundo…. y me pregunto…. ¿dónde están los demás? … También se suele decir que los laicos son los seglares,  los que viven “en el siglo”… en este tiempo,  inmersos en la historia…. Como si hubiera otro tiempo o lugar donde vivir unos u otros… Creo que tenemos que ensayar una mejor carta de presentación.

El laico (cada uno de nosotros) es un discípulo misionero, que asume su identidad cristiana sellada por el bautismo y con la unción del Espíritu Santo se consagra al seguimiento de Jesús y a la misión de evangelizar  , impregnando con la Buena Noticia todas la realidades temporales en la familia, en el trabajo, en el estudio, en las relaciones inter personales, en el diálogo con todos, en la vida social, en la política, en la ciencia, en la economía, en el arte, en el deporte, en cada lugar y en cada actividad humana.  Aun con sus fragilidades y pecados, no se encierra en espacios intimistas, sino que sale al encuentro y busca “a tiempo y a destiempo” los caminos  “a veces en línea recta y a veces en zig-zag”  para ponerse en común, vivir y proponer la fecundidad transformadora y constructora del Evangelio y su riqueza de humanidad nueva,  con todos y para todos.

Parte mayoritaria del pueblo de Dios, está llamado a ser “corazón de la Iglesia en el mundo y mundo en el corazón de la Iglesia”, o como hiciera oír en tiempos del Concilio Vaticano II (en la Asamblea ecuménica ante los Padres Conciliares), el auditor argentino laico Juan Vázquez, “ Somos Iglesia, somos mundo!”

Pero este ser Iglesia tiene, en  las coordenadas de hoy,  características propias para responder a los signos de los tiempos, donde somos llamados a ser testigos en un mundo que la Iglesia quiere mirar con profunda comprensión y con sincero propósito de servirlo. Nos insiste el papa Francisco, en ser una “Iglesia en salida” (no autorreferencial)  y la define como el Santo Pueblo fiel de Dios que todos formamos, como  Madre de corazón abierto, como hospital de campaña, que quiere ser abierta, cercana, acogedora, itinerante, callejera, peregrina, a veces accidentada pero no enferma. Una comunidad de discípulos misioneros que para ser tal, necesita “pastores con olor a oveja” y laicos maduros, corresponsables,  con corazón misericordioso, dispuestos a servir y a vivir su vocación, para primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar. Estamos todos invitados, no alcanza sólo con el Papa Francisco.

Sí, corresponsables!. El magisterio de la Iglesia, incluyendo la doctrina conciliar, ha ido evolucionando en los términos en referencia a los laicos pasando del concepto de “cooperación”, “colaboración”, “participación” al termino de “corresponsabilidad”. Significando como quien “corre la misma suerte”, con una responsabilidad de primer orden,  con los deberes y derechos que esto implica, con los riesgos y las posibilidades, en la Iglesia, misterio de comunión misionera  y también en la sociedad.

Nada de lo que le pase al hombre y a la mujer de nuestro tiempo nos es ajeno, compartimos sus esperanzas y sus angustias. Nada de lo que le pase a la humanidad nos es indiferente.  Y allí, en la realidad social concreta, en el pueblo del que somos parte,  hacemos la experiencia del encuentro con Jesús, nuestro Amigo, maduramos nuestra vocación y asumimos nuestra misión buscando promover y servir a todos, especialmente a los más excluidos y olvidados.

Así, como nos enseña el Papa Francisco,  “la misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás. “(EG 273)

Esta es la expresión de nuestra corresponsabilidad social, ya que una auténtica fe- que nunca es cómoda  e individualista – siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo (EG 183). El pensamiento social de la Iglesia es, en nuestro itinerario formativo, un contenido privilegiado, indispensable, inspirador que tenemos que asumir y ofrecer. Inspiración para todos los hombres y mujeres de buena voluntad para iluminar nuestras decisiones, nuestras actitudes, nuestras conductas, nuestras obras. Caminar hacia la santidad, como laicos, significa también “darnos al servicio del bien común.”

Y en este darse,  una actitud constante y primordial, “vertebradora”, será favorecer la cultura del encuentro, que  implica  transitar un terreno común de diálogo y amistad social, sin escondernos, sin complejos, sin temor, sin mimetizarnos, sino poniendo en juego nuestros talentos y posibilidades para el bien de todos.  Necesitamos recrear espacios de diálogo serio, conducente, no formal o distractivo, para destruir prejuicios y construir puentes en una búsqueda entre todos de un proyecto compartido.

Podemos ser capaces de gestar una amistad social distinta a la de las redes sociales, basada en la fraternidad, en la libertad, en la igualdad. La fraternidad que nos hace sabernos y sentirnos como hermanos, hijos de un mismo Padre. La libertad que nos permite optar por el bien, por la justicia, por la solidaridad, por la paz, por el amor. La igualdad que nos hace a todos merecedores de una misma dignidad.

La amistad social no es una propuesta inalcanzable, inconsistente o ingenua. No es para “quedar bien”, para ser “políticamente correcto” sino para despojarnos de los intereses sectoriales y proponernos buscar juntos el bien común, encontrar las coincidencias y superar los desencuentros,  para allanar los privilegios y promover a los pobres y marginados. Tiene que ver con la gratuidad, la donación, la disponibilidad interior a lo que necesita el otro. Cada uno trae lo suyo, lo que Dios le ha dado, para enriquecer a los demás, para enriquecer a la comunidad.

Si la dimensión social de nuestra fe, no está debidamente asumida, siempre se corre el riesgo de desfigurar el sentido  auténtico e integral que tiene la misión evangelizadora (cfr. EG cap. IV).  En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos.

Emilio Inzaurraga
Presidente Comisión Nacional de Justicia y Paz

ENEC Patagonia 2017
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La Patagonia se vistió de fiesta en Bariloche para celebrar la misericordia de Dios en este Encuentro de Evangelización y Catequesis 2017 convocado por la Junta Nacional de Catequesis (JNC), en combinación con el Instituto Superior de Catequesis Argentino (ISCA) y el Departamento Nacional de Animación y Pastoral Bíblica (DeNAPBi), pertenecientes a la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica de la CEA. Se realizó durante los días 24, 25 y 26 de marzo  en el Colegio Don Bosco, bajo el lema “¡Felices los misericordiosos!”, inspirado en la Bula Papal Misericordiae Vultus.

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